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No confundir Anafranil con Enalapril

MARÍA GRANJO  |    05.05.2016 - 23:53

Factores como la difícil legibilidad de las prescripciones, la similitud entre nombres de fármacos o el uso de abreviaturas se encuentran entre las causas más frecuentes de errores con los medicamentos, cuestión preocupante por sus efectos sobre los pacientes. A pesar de que los sistemas electrónicos de prescripción y dispensación han ayudado a evitar este tipo de confusiones, es una cuestión relevante en la que hay que incidir, según opina María José Otero, coordinadora del Instituto para el Uso Seguro de los Medicamentos, la delegación española del Institute for Safe Medication Practices (ISMP).

Desde el año 2000, este centro trabaja para reducir errores de medicación, implicando a los profesionales sanitarios, a través del Programa de Notificación, que recoge las comunicaciones y experiencias en cualquier punto de la cadena del medicamento. Tal y como subrayan desde este organismo, todos los agentes implicados deben sensibilizarse sobre el papel que tienen los nombres de los medicamentos en la seguridad del paciente y establecer prácticas seguras para evitar los errores por esta causa.

La confusión entre los nombres, sobre todo por la similitud entre ellos, es uno de los errores más comunes. Para contribuir a evitarlos, en el año 2003 se inició un programa dirigido a la identificación y prevención de los errores ocasionados por la similitud ortográfica o fonética de los nombres de los medicamentos, con la colaboración del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. Ambas entidades, publican un listado de nombres similares de fármacos que se prestan a confusión que se actualiza cada seis meses.

Aunque los sistemas electrónicos previenen muchos errores producidos por esta causa, desde el ISMP se señala que no los evita “ya que, si dos medicamentos presentan un nombre similar y aparecen próximos en los listados informáticos pueden ocurrir errores por seleccionarse un medicamento equivocado, particularmente ante medicamentos nuevos o poco habituales”.

Los problemas en la interpretación de la prescripción, unidos al uso de abreviaturas no estandarizadas, también son objeto de preocupación del Colegio de Farmacéuticos de Madrid, que desde el año 2005 recoge errores de medicación mediante un Programa de Notificación. Desde que se inició, hasta abril del año 2015, el 8,5% de errores notificados tuvo como causa la incorrecta interpretación de la prescripción o el uso de abreviaturas. De ellos, un 4,8% llegó a producir daño al paciente.

Desde la Red de Farmacias Centinela de Madrid, se han comunicado, en ese mismo periodo, un total de 7.418 notificaciones relacionadas con errores de medicación, de las que en un 9% de los casos, la causa del error fueron los problemas en la interpretación de la prescripción debido al uso de abreviaturas o una prescripción ilegible o ambigua. En cinco de estos casos, se produjo un daño temporal que requirió intervención médica.

Con el fin de minimizar estos errores, la Consejería de Sanidad ha publicado un documento de recomendaciones para la estandarización de abreviaturas, símbolos y expresiones utilizados en la prescripción y administración de fármacos.

Las dificultades de comprensión de la letra de los facultativos están presenten en las redes sociales, especialmente en Twitter y Facebook, donde es habitual que los farmacéuticos compartan fotografías de prescripciones inteligibles para pedir ayuda en la comprensión de las mismas. Tal y como recomiendan desde el ISMP, hay que procurar escribir de forma clara y evitar abreviaturas, especificar la dosificación y la forma farmacéutica. También se aconseja incluir la indicación clínica en la prescripción, para que otros profesionales sanitarios y los pacientes puedan contrastar el nombre del medicamento con el motivo de la prescripción. No asumir o sobreentender la prescripción sobre las que se tienen dudas es otra de las recomendaciones.

 El ISMP- España realiza una serie de recomendaciones para prevenir los errores por confusión en los nombres de los medicamentos, siendo las más destacadas:

  • Las instituciones deben revisar periódicamente los nombres de los medicamentos que disponen en el centro que se prestan a confusión, elaborar al menos anualmente una lista reducida con los nombres de medicamentos que tienen un mayor riesgo de ocasionar daño a los pacientes si se confunden.
  • Promover la denominación de los medicamentos utilizando el nombre del principio activo en lugar del nombre comercial.
  • En los hospitales, antes de incluir un nuevo medicamento en la guía farmacoterapéutica se debe evaluar el posible riesgo de confusión con los nombres de los medicamentos ya disponibles. También cuando se cambia de proveedor como resultado de modificaciones en los contratos de compra. Evitar siempre que sea posible que coexistan aquellos medicamentos cuyos nombres puedan ocasionar confusiones.
  • Facilitar la diferenciación entre los medicamentos con nombres similares, con el uso de letras mayúsculas y en negrita o del color.
  • Utilizar el nombre comercial, además del nombre del principio activo, para evitar confusiones entre medicamentos que tienen nombres de principios activos similares o que se comercializan en diferentes formulaciones.
  • Implantar la prescripción electrónica y configurar la descripción de los medicamentos en los sistemas de prescripción.
  • La prescripción manual debe ser perfectamente legible.
  • Evitar las prescripciones verbales.
  • Incluir señales de aviso en los sistemas informáticos de prescripción o de dispensación de la farmacia, para los medicamentos con mayor riesgo de confusión.
  • Evitar el almacenamiento de los medicamentos con riesgo elevado de confusión en lugares próximos.
  • Antes de dispensar o de administrar un medicamento, verificar que el nombre, la dosis y la forma farmacéutica son correctos. Comprobar que el medicamento se corresponde con la indicación para la que fue prescrito.
  • Corroborar con el médico la prescripción siempre que exista cualquier duda sobre la misma. No asumir o sobreentender nada.
  • Sensibilizar a los pacientes, familiares y cuidadores sobre los problemas por confusiones entre los nombres de los medicamentos, e informarles de cómo evitarlos.
  • Al dispensar los medicamentos, verificar con el paciente que el medicamento dispensado se corresponde con el prescrito.

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