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España, el país de Europa occidental que menos invierte en vacunas

DIARIOFARMA  |    31.05.2016 - 10:03

Un estudio publicado en Human Vaccines & Immunotherapeutics pone de manifiesto que la tendencia general de los países de Europa occidental es reducir la inversión en vacunas, y que España es, de los países estudiados, el que menor partida ha dedicado a esta estrategia preventiva en años recientes.

“Los programas preventivos en salud siguen siendo muy vulnerables a las políticas de recortes dado que sus efectos no se identifican de forma inmediata”, aseguran Olivier Ethgen, Florence Baron-Papillon y Murielle Cornier, autores de este trabajo. Para llevarlo a cabo seleccionaron siete países de Europa occidental, (Alemania, Inglaterra, Francia, Italia, España, Suecia y Portugal) para obtener una muestra de las diferentes modalidades de dispensación de vacunas.

Su objetivo era documentar la proporción de gasto sanitario que se dedica a la inmunización en cada país y su evolución. Llevaron a cabo una búsqueda de información relevante a través de las bases de datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y recurrieron a fuentes oficiales de cada país a partir de 2008 (2006 en el caso de Inglaterra).

Ninguno de los estados dedicó más del 0,5% de su presupuesto sanitario a vacunas. Las proporciones de inversión en inmunización oscilaron entre el 0,25% de España (2012) y Francia (2013) y el 0,47% en Alemania (2014).

Si bien el gasto sanitario se incrementó en todos los países a excepción de España (con un rango de incrementos del 2,6% anual en Francia entre 2008 y 2013 hasta el 8,1% en Inglaterra entre 2006/07 y 2009/10), la inversión en vacunas se redujo “de forma acusada” en Alemania (6,2% anual entre 2008 y 2014), España (6,7% anual entre 2008 y 2012) y Francia (4,2% anual entre 2008 y 2013). Únicamente Suecia e Inglaterra incrementaron esa partida, un 5,9% anual entre 2011 y 2013 y un 18,9% anual entre 2006/07 y 2009/10, respectivamente.

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Los autores indican que la vacunación implica “valores relativamente bajos de inversión sanitaria en la Europa occidental en comparación con sus beneficios a largo plazo”. En este estudio se observa una tendencia neta a reducir esa inversión en los últimos años, con las excepciones de Suecia e Inglaterra. “Los presupuestos para vacunación deberían respetarse o incluso incrementarse para sostener un programa de inmunización a lo largo de la vida con suficientes tasas de cobertura”, recomiendan los investigadores.

Cinco de los países se incluyeron por ser los mayores en términos de población, con un total aproximado de 317 millones de habitantes en 2015 (Alemania 81 millones, Inglaterra 65, Francia 64 y España 46), y otros dos como representativos de los extremos norte (Suecia) y sur de Europa (Portugal). Los autores consideraron que este conjunto de países constituye una buena mezcla de mercados públicos y privados, así como de sistemas administrativos centralizados y descentralizados, de forma que la muestra “garantizara una sólida representación de las diferentes modalidades de mercados de vacunas en Europa occidental.

La “relativamente mínima” proporción del gasto sanitario dedicado a prevención y a vacunas en esta área geográfica, por debajo del 5% y del 0,5% de ese presupuesto respectivamente, se ha registrado en los siete países estudiados a pesar de los datos relativamente heterogéneos recopilados en su desarrollo. Los investigadores constatan además una tendencia a reducir aún más esa partida en la mayor parte de esos estados, con las excepciones mencionadas de Suecia e Inglaterra.

“Estas estimaciones de la inversión deberían considerarse teniendo presente el número de enfermedades que previenen y sus beneficios en la salud pública a largo plazo cuando se vacuna a amplios sectores de la población”, indican los autores.  Por ejemplo, una población más sana contribuye a una economía más próspera, añaden.

 

Escasez de datos

Este trabajo es el primero que documenta y compara de forma sistemática la inversión en vacunas en Europa, si bien los investigadores admiten ciertas limitaciones: que los datos de la OCDE no permiten evaluar el gasto nacional específico en vacunas (aunque ofrece un grado de estandarización que permite la comparación en términos de gasto en prevención de enfermedades contagiosas) y que las fuentes nacionales de gasto son escasas y heterogéneas (en algunas no se especifica si el gasto incluye campañas informativas, además de las vacunas en sí).

Por ese motivo, indican que la proporción del gasto sanitario dedicado a vacunas debe documentarse de forma fiable y sistemática y ser puesto a disposición del público. “Cuando esos datos estén disponibles, deberían darse a conocer más detalles sobre coste. En la mayoría de los países de la muestra, identificar claramente los componentes del gasto en prevención y vacunación es extremadamente difícil. Por tanto, toda comparación entre países debe llevarse a cabo con cautela”, matizan.

Otra reflexión que incorpora el estudio es que la proporción de gasto dedicado a prevención y vacunas es algo menor que el que se asigna a dispositivos y tecnología médica. Sabiendo que otros informes recientes de asociaciones profesionales indican que los estados miembro de la UE invierten aproximadamente un 7% de su presupuesto sanitario en “dispositivos médicos” y un 1% en “tecnología para diagnóstico in vitro”, consideran que las vacunas tienen ciertas particularidades que les hace más vulnerables a los recortes presupuestarios. Esas particularidades son: que se administran a personas sanas, que su impacto en ciertas enfermedades como difteria, tétanos o poliomielitis es algo “olvidado” en Europa y que sus beneficios no necesariamente son palpables a corto plazo.

 

Más enfermedades prevenibles ¿y menos vacunas?

El estudio da fe de una tendencia a recortar la inversión en vacunas “a pesar de que cada vez hay enfermedades que pueden prevenirse con ellas”. Actualmente –prosiguen- hay 19 enfermedades de origen viral o bacteriano que pueden evitarse con la vacunación.

A entender de los autores, varios factores explicarían esta disparidad: el decline en las tasas de cobertura vacunal con el transcurso del tiempo (gripe y sarampión, entre otras) o las posibles revisiones de los calendarios vacunales.

Además, contemplan la posibilidad de que los responsables de las políticas de salud pública no comprendan adecuadamente el coste actual de la vacunación. Los volúmenes de vacunación son bastante grandes, lo cual da la impresión de que su coste es elevado. No obstante, la inversión actual en vacunas, como planteaban en otros puntos de su estudio, está muy mal documentada, e insisten en que no supera el 0,5% del presupuesto de los países de Europa occidental.

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