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“El principal tiburón de la farmacia es el sistema económico”

MARÍA GRANJO  |    22.06.2016 - 15:19

Eduardo Litrán, farmacéutico especializado en comunicación estratégica, escritor y empresario, estuvo más de un año documentándose para escribir el libro con el sugerente título ‘Tiburones en la farmacia’ (de venta en internet). En entrevista con Diariofarma, desvela cuáles son estos tiburones, qué efecto tienen sobre la oficina de farmacia y cómo ésta se libra de la amenaza que suponen.

Pregunta. ¿Qué querías contar a través del libro?

Respuesta. Que la dirección económica que llevamos no es la adecuada, y que una de las pocas cosas que al neoliberalismo le quedan por conquistar es la oficina de farmacia. Hasta ahora, el sector ha opuesto una resistencia gracias a que corporativamente es fuerte.

P. ¿De dónde surgió la idea de hacer un libro sobre la liberalización de la farmacia y “el desgobierno económico global”?

R. En mis diez años como socio en una empresa de traspasos de farmacias, observé que la posición negociadora de la farmacia era cada vez más débil, y esto me hizo pensar que, en caso de que vinieran las cadenas para hacerse con la propiedad de las farmacias, éstas tendrían poca fuerza negociadora y los grandes grupos se impondrían. Esta fue la chispa que hizo que empezara a tirar del hilo y a documentarme.

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P. ¿Cuáles son los tiburones en la farmacia?

R. Principalmente, el sistema económico y el financiero, que nos han llevado a la crisis que vivimos.

P. ¿Ves claro el interés por liberalizar la farmacia?

R. La última propuesta que hizo la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia (CNMC) te da pistas del camino por el que quieren ir, y esto afecta a la sociedad y al paciente. La CNMC se equivoca cuando hace propuestas con único molde y sin acomodarlas a la realidad de cada sector. Mi intención siempre ha sido entrar en este tema con la mente muy abierta, documentándome y evitando prejuicios. De hecho, ni tengo farmacia ni ningún interés en tenerla; por lo tanto, no tengo por qué defender el modelo actual, pero, si bien debe resolver sus desequilibrios internos, lo he acabado haciendo por una razón que considero ética.

P. ¿Crees que es trasladable a la farmacia lo que ha sucedido en otros sectores en cuanto a liberalización?

R. Es más difícil, porque implicaría quitarle al farmacéutico la potestad sobre el medicamento. La situación podría ser comparable a cuando en los años 80 empezaron a entrar las grandes cadenas de supermercados y muchas tiendas tuvieron que cerrar. En el modelo farmacéutico español, no ha entrado esta dinámica.

P. ¿El modelo está protegido por la aportación sanitaria que realiza?
R. No tiene por qué, porque en Grecia lo han liberalizado, como una de las medidas compensatorias al rescate financiero. Lo que preocupa es que se produzca una nueva crisis y tenga que volver a hablarse de recortes, que entonces sí que podría afectar a la Sanidad pública y la farmacia.


P. ¿Ves inevitable la liberalización?

R. No la veo inevitable, pero habrá que tener buenos argumentos. La Unión Europea ya se ha posicionado, diciendo que la Sanidad está por encima de la economía y que cada estado debe regular como considere más oportuno para garantizar que su población tiene la mejor asistencia posible.


P. ¿Y si vuelve a agravarse la situación económica?

R. Con nuevos recortes, que afecten seriamente a las farmacias con una situación económica más delicada, se incrementaría la presión de que entre capital externo a la propiedad, como ha sucedido en Italia, en pleno debate de hasta dónde llega la liberalización. Con una farmacia debilitada económicamente, las grandes corporaciones podrían atacar al sector con argumentos más duros. Si, por ejemplo, se llegara a producir la muerte de un paciente a consecuencia de no poder acceder a su medicación por los impagos, este hecho podría ser aprovechado mediáticamente por los que quieren entrar en la propiedad de la oficina de farmacia.

P. ¿Es difícil hacer entender que ésta debe estar en manos de farmacéuticos?

R. O entiendes lo que es el medicamento o no puedes saber por qué la propiedad debe ser de un farmacéutico. Este es el problema, que demagógicamente es muy fácil cuestionar que la propiedad esté en manos de farmacéuticos, al igual que se cuestiona que el acto de la dispensación esté controlado por farmacéuticos. Para mí, la respuesta última está en la responsabilidad, que es lo que trato de transmitir en el libro. Es decir, la responsabilidad última de una farmacia recae en su propiedad, y las decisiones de negocio que tomará un propietario farmacéutico siempre tendrán mejores argumentos profesionales que las que pueda tomar un propietario no farmacéutico, o un consejo de administración de una sociedad.


P. En tu opinión, ¿qué debería hacer el colectivo ante la amenaza de la liberalización?

R. Quizás hay que hacer cambios desde dentro para que no vengan desde fuera a cambiar el modelo. Habría que buscar una solución consensuada por todos los agentes de la profesión. También es importante transmitir más a la sociedad la aportación de la farmacia, que entienda que en ella tiene un aliado, y de este modo será más difícil que un partido político decida cambiar el modelo, porque verá peligrar votos.

P. ¿Por qué el sistema económico debería aprender del farmacéutico, tal como afirmas en el libro?

R. Al farmacéutico le caracteriza su vocación de servicio. Un profesional de la salud tiene un equilibrio innato entre tener que ganarse la vida y dar un servicio a la sociedad. Tal como digo en el libro, pase lo que pase, siempre habrá farmacéuticos, médicos y enfermeras en los campos de refugiados, porque, para ellos, su profesión siempre será la ayuda a los demás. El sistema político y financiero deberían aprender un poquito de esto. Cuando empezó la crisis en el año 2008, se dijo que era una crisis de valores, y esto es lo que puede aportar un profesional de la salud.


P. ¿Por qué crees que en los impagos en farmacia hay hipocresía?

R. Hablo de hipocresía en un punto de libro porque mientras lo escribía coincidió una resolución del Parlament de Catalunya, aprobada por todos los partidos, en la cual se avalaba la integración de la farmacia en el sistema público de salud, mientras, por otro lado, la Administración acumulaba importantes impagos hasta el punto que el retraso en el cobro de los medicamentos se ha convertido en una herramienta de presión política entre administraciones. Si la salud de los ciudadanos es lo prioritario, deberían demostrarlo pagando los medicamentos para que muchas farmacias no sufran el desgaste económico que están padeciendo y así puedan cumplir con solvencia el papel en el sistema público de salud que se expresa en la resolución parlamentaria.

P. ¿Crees que no se está explicando bien al ciudadano lo que sucede?

R. No por parte de las administraciones, que hablan de gasto farmacéutico en vez de inversión. Para mí, la expresión “impago a farmacias” también es una manipulación, porque en realidad lo que se impaga son los tratamientos de los ciudadanos, y el farmacéutico está haciendo de cortafuegos y permitiendo que los pacientes dispongan de su medicación. Esto debería saberlo la sociedad, que lo que no pagan son sus medicamentos, cuando lo que perciben es que a quien no pagan es a las farmacias.

P. ¿Cómo ves el futuro de la farmacia?

R. Creo que las farmacias tendrían que ser el primer punto de atención sanitaria, como una especie de ‘pre-centro de salud’. De este modo, se descongestionarían las visitas urgencias y las consultas médicas. En las epidemias de gripe, por ejemplo, las farmacias podrían ser un punto de cribado.

P. En definitiva, ¿para qué crees que el libro puede servir a un farmacéutico?

R. El libro le ayudará a descubrir quién es y su valor como profesional de la salud.

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