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Un Plan demasiado importante como para que nazca cuestionado

JOSÉ MARÍA LÓPEZ ALEMANY  |    13.11.2016 - 10:26

Artículo de opinión de José María López Alemany, director de Diariofarma.

chema_fotoLa adherencia terapéutica ha sido puesta desde hace mucho tiempo en el punto de mira del resultado de los tratamientos farmacológicos. Es responsable de gran parte de la diferencia existente entre eficacia y efectividad en el uso de los medicamentos. Por ese motivo, cuando Farmaindustria se puso a tirar del carro de poner en marcha un plan que abordara este problema sanitario y económico, fue una buena noticia para todos. Igual que ahora es una mala noticia que se cuestione. No por el hecho en sí de cuestionarlo, que tiene su lógica sino por el riesgo de que todo el proyecto pueda quedar abocado al olvido.

El Plan de Adherencia Terapéutica de Farmaindustria ha sido una de las actividades más importantes que se han desarrollado en el sector sanitario en los últimos tiempos. Nunca antes nadie en el ámbito público o privado, profesional o empresarial, había pasado de las palabras a los hechos con un proyecto transversal de tal envergadura y con una ambición tan elevada.

A lo largo del último año, la patronal de la industria farmacéutica innovadora ha impulsado y hecho posible el desarrollo del proyecto. Ha invertido una gran cantidad de recursos económicos y humanos, ha conseguido implicar a profesionales de la sanidad de forma transversal y ha logrado poner la adherencia terapéutica en la agenda política sanitaria.

No obstante, en estos últimos días se ha materializado el primer rechazo público al Plan. Ha sido la Extremadura de José María Vergeles, pero podía haber sido cualquier otra comunidad autónoma, en especial de entre las gobernadas por el PSOE ya que las del PP, cuando menos se pueden sentir responsables de que se haya dejado hacer durante este tiempo. Pero los recelos no son solo políticos... o éticos. Algunos ámbitos profesionales han mostrado sus dudas por aspectos competenciales y de reconocimiento a una profesión e incluso, a día de hoy, se encuentran en una posición de no apoyarlo ni asistir a la puesta de largo del proyecto, el próximo 23 de noviembre en Barcelona. Otros, a pesar de no tenerlo claro se mantienen dentro pero con ánimo indudable de cambiar mucho más que pequeños retoques al mismo.

Todo ello hace posible que un proyecto tan importante nazca cuestionado y herido de muerte si no se acometen cambios profundos en el mismo. Y aún se está a tiempo de conseguirlo.

Creo que nadie duda de que las comunidades autónomas tienen que tener un papel central en lo que se refiere a la adherencia porque, entre otras cuestiones, afecta de modo directo a los resultados en salud de sus pacientes y a la inversión económica que realizan. Por eso, ante todo, hay que integrar a las regiones, aunque sea tomando el trabajo realizado hasta ahora como un trabajo previo, como explicó el director general de Cartera Básica de Servicios del SNS y Farmacia, Agustín Rivero, durante el curso de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander, el pasado mes de septiembre.. Sin la participación de las comunidades autónomas, todo quedaría en papel mojado.

Tampoco hay que olvidar que en el sector hay ámbitos que no han participado en el Plan y si se quiere algo serio y digno de ese nombre, hay que corregirlo. A bote pronto se me ocurren las compañías de genéricos, productos que se utilizan en el 40% de los tratamientos y en gran parte de los que tienen carácter crónico en nuestro país y que al ser una iniciativa impulsada por Farmaindustria han quedado relegadas. A pesar de ello, no es concebible un plan de este tipo que deje fuera a los fabricantes del 40% de los tratamientos.

Del mismo modo, todas las profesiones sanitarias (médicos, enfermeros, farmacéuticos, etc.) y todas las especializaciones deben ver reflejada su actividad de forma clara en el plan para que no tengan dudas sobre su participación. Eso sí, la decisión de potenciar el papel de uno u otro, en función de las diferentes situaciones, corresponde al ámbito político y competencial. El plan no puede ser la excusa para dar un papel superior, de forma artificial, a un profesional en detrimento de otro en base a determinados intereses ya que eso genera discrepancias muy difíciles de conciliar.

Sin haber visto más que unas pinceladas del texto del Plan, pero teniendo conocimiento de todos los estudios previos en los que se basó, así como por el esfuerzo trabajo desarrollado con la participación de mucha gente e instituciones, creo que lo realizado es tan relevante, tan importante, que sería un despilfarro y una equivocación dejarlo a un lado y olvidarlo.

Por todo ello, para que el Plan de Adherencia Terapéutica pase del papel a la práctica hay que abordar una serie de cambios de forma obligatoria. El primero de ellos es que su progenitor dé un paso al lado y se sitúe como uno más del equipo. Las reticencias a que una iniciativa de este estilo esté liderada por los laboratorios no es baladí y resultan muy claras entre profesionales y gestores. Por ese motivo, parece claro que debe hacerse una transición desde el Plan de Farmaindustria al Plan del SNS si de verdad se quiere que el beneficiado último sea el paciente y el SNS. Y esa transición debe empezar a verse y explicitarse el próximo 23 de noviembre para reconducir la situación.

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