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“La atención a sociosanitarios, más cercana y sostenible desde la botica”

FRAN ROSA  |    10.02.2017 - 19:12

"Por recursos personales, por cercanía, por accesibilidad, por formación y por sostenibilidad, las farmacias comunitarias son los establecimientos sanitarios más adecuados para prestar servicios de Atención Farmacéutica en centros residenciales para personas mayores". Así de rotunda se expresa la Raquel Martínez, presidenta del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Soria, firmante de uno de los capítulos que componen el 'Informe Farmacia Asistencial', publicado por Diariofarma con el apoyo del Consejo General de COF.

Así, en opinión de Martínez, el envejecimiento de la población y el consiguiente aumento del número de personas dependientes debería ser visto como una oportunidad para este colectivo profesional y empresarial. "La farmacia comunitaria no puede ser un mero espectador del proceso de regulación sobre la atención a los centros sociosanitarios. El farmacéutico comunitario debe adaptar su ejercicio profesional a las nuevas necesidades sociales, y la atención sociosanitaria es una realidad en la que debe participar" con intervenciones que vayan más allá de la dispensación de medicamentos y que se rijan por el compromiso expreso de una atención personalizada y global, procurando fundamentalmente el bienestar de los pacientes como individuos.

Teniendo en cuenta que las personas que residen en los centros sociosanitarios se caracterizan por la pluripatología, las alteraciones fisiológicas, los problemas de malnutrición y la alta incidencia de problemas relacionados con los medicamentos, se puede decir, según la presidenta del COF de Soria, que son "una población diana idónea para recibir servicios de atención farmacéutica".

Opina que un boticario bien formado puede aportar, en este entorno, sus conocimientos al equipo asistencial, mediante su coordinación con el resto de facultativos sanitarios. Concretamente, señala como posibles funciones la asistencia farmacéutica, "formando parte del equipo multidisciplinar del centro residencial, asesorando y cooperando con el resto del personal implicado en la asistencia sanitaria al paciente". "Colaborando", también, "en la formación e información sobre el uso racional de los medicamentos y productos sanitarios, dirigida al personal del centro, a los usuarios del mismo o a sus familiares", añade.

Junto a esto, llama a tener en cuenta su valor en lo que respecta a la gestión del depósito, contribuyendo "a garantizar la correcta reposición, conservación, custodia y control de caducidades y gestión de residuos de los medicamentos prescritos a los residentes, y del stock de urgencias".

Como consecuencia de estas intervenciones, se genera, en opinión de Martínez, un valor añadido que se ve reflejado en una mejora de la asistencia farmacéutica del centro, con un uso más seguro y racional del medicamento; la disminución en el número de visitas al centro de atención primaria y especializada, así como una atención farmacéutica individualizada adecuada, disminuyendo la morbilidad relacionada con los medicamentos y, por tanto, reduciendo el número de urgencias por mal uso de éstos.

¿Desde la comunitaria o la hospitalaria?

Vistos los aspectos que puede aportar el farmacéutico comunitario, Martínez no rehuye el debate, alentado, dice, por algunas políticas autonómicas sanitarias, sobre si se debe apostar hacia una asistencia farmacéutica a estos centros desde la farmacia hospitalaria. "Uno de los argumentos en los que se basa esta tendencia es en el supuesto ahorro que origina este cambio de modelo. Pero los informes que he podido consultar sobre este tema me parece que se basan en datos parciales, ya que sólo tienen en cuenta el coste de la factura farmacéutica, como si estuviéramos hablando de una cuestión de simple suministro de medicamentos, y no de una gestión integral de la farmacoterapia", afirma. En su opinión, sería necesario contabilizar el número de plazas de farmacéuticos que la Administración Pública debería crear para cubrir el número de horas que, a día de hoy, dedican los farmacéuticos comunitarios para asistir a los centros residenciales.

Otro aspecto a estudiar, dice, tiene que ver con su accesibilidad, ya que el número de centros hospitalarios respecto al de plazas asistenciales es mucho menor. "Poniendo como ejemplo mi comunidad autónoma, Castilla y León, escasamente el 30% de los centros residenciales poseen un hospital en su misma localidad, pero prácticamente todos poseen una oficina de farmacia", argumenta. Por último, señala, "sería importante revisar la implicación que el cambio de sistema de asistencia tendría en la rentabilidad de las farmacias rurales situadas en núcleos de escasa población".

Por eso, concluye que "por recursos personales, por cercanía, por accesibilidad, por formación, por sostenibilidad, las farmacias comunitarias son los establecimientos sanitarios más adecuados para prestar servicios de atención farmacéutica en centros residenciales para personas mayores". No obstante, señala que es necesario que dicha prestación esté regulada, tanto en las características de la asistencia que cubre, como en los requisitos que deben cumplir los centros residenciales, así como en los criterios de asignación de las farmacias a los centros, "entre los que entiendo que se debe priorizar la cercanía física y la calidad de la prestación asistencial ofrecida, pero también, en un segundo nivel, su viabilidad, ya que el que una residencia esté asignada a una farmacia puede ser tan determinante como pasar de estar comprometida a ser viable".

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