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“La Guía del SAS va en contra de la individualización de la prescripción”

Cristina Avendaño, presidenta de la Sociedad Española de Farmacología Clínica

Cristina Avendaño, presidenta de la Sociedad Española de Farmacología Clínica

CARLOS ARGANDA  |    21.03.2017 - 12:04

La ‘Guía Farmacoterapéutica de referencia para la prescripción en receta' elaborada por el Servicio Andaluz de Salud (SAS) la Asociación Andaluza de Farmacéuticos de Atención  Primaria (Aafap), sigue dando que hablar entre los médicos. La última reacción ha sido la de la presidenta de la Sociedad Española de Farmacología Clínica, Cristina Avendaño, que se muestra muy crítica con la misma.

Esta farmacóloga pone de manifiesto que no han participado médicos en su elaboración, lo cual es “tremendamente anómalo”. Avendaño no comprende que se pretenda realizar una guía de ayuda a la prescripción “sin que participen médicos en su elaboración”. Pero lo peor para esta experta es la ausencia de parámetros que impulsen a la individualización de la prescripción, algo imprescindible para Avendaño.

Por otro lado, a pesar de que no se explicita el uso que se pretende dar a la guía, Avendaño considera que el uso que se pretende dar al concepto de medicamento de elección y alternativas, parece que será como herramienta de ayuda a la prescripción, lo cual “está fuera de lugar”.

“Creo que todo este tema de las alternativas terapéuticas equivalentes se utiliza de un modo incorrecto y se confunden los criterios y responsabilidades propias de lo que es la selección y gestión de los medicamentos desde un punto de vista económico, de gestión y de ordenación de la oferta” explica Avendaño. Según ella,  “se confunden con los criterios que deben tenerse en cuenta para la prescripción médica a un individuo”.

Tal y como explica, “el hecho de que en ensayos clínicos unos medicamentos no presenten diferencias en la tasa de eficacia o de efectos adversos no quiere decir que sean intercambiables en un paciente”.

Por todo ello, para Avendaño, la guía incurre en “errores de concepto” que preocupan a la Sociedad Española de Farmacología Clínica puesto que se basa en “unos criterios que  no son los reconocidos en cualquier documento sobre la buena prescripción a la hora de hacer las recomendaciones sobre la elección”. Tal y como explica, “van en contra de todos los criterios de la buena prescripción, de la prescripción individualizada”, cuestiones que requieren que se “tenga en cuenta las preferencias de los pacientes, así como los objetivos terapéuticos que se pactan con los pacientes”.

Según ella, el origen de la problemática de muchas de estas guías de ayuda a la prescripción viene por el hecho de que no se informe a los médicos del precio de los medicamentos. Tal y como denuncia, “es absurdo que a los médicos no se les pueda informar de lo que valen los medicamentos”. Tampoco se les informa de las decisiones de financiación, asegura la presidenta de la SEF-C, que considera que informar de los precios es esencial para “facilitar una prescripción adecuada, como establece la OMS: el medicamento más adecuado para el paciente concreto y la dosis adecuada y con el menor  coste  para el paciente y la comunidad”. En este sentido, Avendaño explica que “en la elección de un medicamento para un paciente en concreto hay que tener en cuenta el precio como un elemento más pero no es el único ni el primero tampoco”.

Para la Sociedad Española de Farmacología Clínica, “la individualización del tratamiento es casi nuestra razón de ser” puesto que su labor habitual consiste en “colaborar con otros médicos a la individualización del tratamiento”, ya que la individualización distingue a esta especialidad médica. Por ello, a la vista de la Guía del SAS, Avendaño se lamenta: “No sé cómo hemos llegado a este punto, que hasta nos parece normal”.

Aunque no tienen claro el uso que se le va a dar a la guía, considera que “no es una guía de ayuda a la prescripción porque cumple flagrantemente los principios de una buena prescripción”. Según ella, “no está basada en evidencia científica sino más bien en documentos muchos de ellos de baja calidad y omite las guías de práctica clínica que vinculan a los médicos, por lo que, en absoluto, responde la metodología a lo que se plantea”.

Por ello, señala que “si el sistema público pretende utilizar esta guía como una herramienta de medición de la calidad de la prescripción” entonces se tendrían “que posicionar” puesto que para Avendaño “es una barbaridad”. Además, considera que el hecho de que”una sociedad de farmacéuticos escriba una guía de prescripción es como si una de médicos escribe una a guía de formulación magistral” y por ello asegura que sería “malo que un sistema público lo asumiera como una herramienta”.

Por todo ello, y para tratar de centrar el debate sobre la prescripción médica y el concepto de equivalentes terapéuticos, desde la SEF-C escribirán “un documento de posicionamiento de los conceptos de la elección de los medicamentos en la prescripción y los conceptos de las alternativas terapéuticas”

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