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La cumbre anual de la oncología se adentra en la evaluación de las innovaciones

BELÉN DIEGO  |    14.06.2017 - 12:05

En el encuentro anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) de 2016 la conversación sobre toxicidad financiera de los nuevos tratamientos del cáncer fue uno de los grandes temas. En su última edición, los oncólogos han dado un paso más y se han adentrado en las reflexiones sobre la evaluación y la incorporación de las innovaciones en este campo.

El presidente electo de ASCO, Bruce Johnson, confirmaba este extremo en una breve entrevista durante el encuentro, asegurando que el valor de los medicamentos y las estrategias económicas para el mejor acceso de los pacientes a éstos son una de las disciplinas (el diagnóstico era otra) que van a tener un peso importante en la especialidad.

Una de las presentaciones destacadas para Johnson fue la que abordó una comparación de los sistemas de ASCO y su “hermana” europea (ESMO) para medir el valor de los medicamentos y otras intervenciones. “Tenemos métodos diferentes, pero se ha comprobado que los resultados de ambos son bastante similares”, explicaba.

En este análisis, la escala de beneficio clínico de ASCO, ESMO (ESMO-MCBS, por sus siglas en inglés), las recomendaciones del británico Instituto Nacional de Excelencia Clínica (NICE) y el canadiense pCODR para la financiación de nuevos medicamentos fueron calificadas de convergentes por los investigadores.

Desinversiones socialmente aceptables

Para mejorar el valor y la sostenibilidad, una investigación canadiense presentada en ASCO proponía la implantación de técnicas de HTA (evaluación de tecnologías sanitarias), la posibilidad de desplazar recursos entre presupuestos y la habilidad de renegociar “continuamente” los precios en función de su valor incremental.

Los autores hacían hincapié en que es necesario llevar a cabo nuevos estudios sobre cuáles son los métodos de desinversión socialmente aceptables para aligerar la carga que suponen los fármacos de menor valor.

Si bien la mayor parte de estos estudios empleó AVAC (años de vida ajustados según la calidad), en el mismo encuentro Jennifer M. Hinkel, de la consultora McGivney, apuntaba que va a ser necesario perfeccionar las variables que se emplean actualmente en la evaluación de la innovación, empezando por ésta: “Estamos ante una medida que se desarrolló en los 70 y se centró en la Atención Primaria, y además es una variable que se define por aproximación. Es lo que tenemos ahora, pero de cara al futuro no será suficiente”.

Cuestión de sostenibilidad

En el seguimiento que los medios de comunicación han hecho de este congreso, que ha sido –como siempre- extenso, hay un extenso artículo de fondo en el periódico francés Les Echos que advierte que la necesidad de recurrir cada vez más a combinaciones de nuevos medicamentos para tratar el cáncer va a hacer que el coste de los tratamientos se dispare.

El autor indicaba que la industria está empezando a vislumbrar los límites de la inmuno-oncología, con fármacos que, administrados en monoterapia, han fallado en ciertos tumores (páncreas y mama, por ejemplo).

Según ese artículo, la norma será utilizarlos en combinación, un extremo al que han apuntado diversos especialistas presentes en el congreso. Para la industria eso significa que el mercado está más fragmentado de lo previsto, para los pagadores, que el precio del tratamiento va a superar con mucho las posibilidades presupuestarias de los pagadores.

No es el único modo de verlo. En una reunión organizada por Celgene con motivo del congreso, Tsveta Milanova, vicepresidente de acceso al mercado en hematología y oncología de Celgene, explicaba que por cara que parezca ahora la innovación, el sistema ha demostrado suficiente flexibilidad para adaptarse a oleadas similares en el pasado. “Históricamente, el equilibrio entre innovación y caducidad de patentes ha funcionado”, señalaba.

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