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La farmacia juega un papel clave en la lucha ante la resistencia a antibióticos

Guillermo Bagaría, responsable de proyectos profesionales del COF de Barcelona, durante su intervención en Infarma

CARLOS ARGANDA  |    14.03.2018 - 20:08

La lucha contra las resistencias a los antimicrobianos tiene un triple eje imprescindible para intentar atajar esta amenaza: una correcta prescripción, una adecuada dispensación y un uso racional de estos medicamentos. Y la farmacia tiene un papel clave en dos de ellos, la dispensación, por motivos obvios y el buen uso, por su papel en la concienciación ciudadana acerca del uso adecuado de los antimicrobianos.

Así se explicó durante la mesa ‘Resistencia a los antibióticos: panorama actual y qué podemos hacer desde la farmacia’ que ha tenido lugar en la segunda jornada de Infarma 2018 y que ha contado con la participación del director de proyectos e investigación del Consejo de Colegios Farmacéuticos de Cataluña, Rafael Guayta, y del responsable de proyectos profesionales del COF de Barcelona, Guillermo Bagaría, así como con la vocal de docencia e investigación del COF de Barcelona, Pilar Gascón, que actuó como moderadora.

Para Guayta, la situación actual es clara: “O utilizamos mejor la terapia antimicrobiana, no solo para bacterias, sino también en parásitos y virus, en los que van apareciendo resistencias, o al final no vamos a poder usarlos”. Para este experto, la situación de la resistencia a antimicrobianos es similar a la del cambio climático, “la hemos provocado nosotros y puede tener consecuencias drásticas para el ser humano en el futuro”, aseguró.

Una de las cuestiones en las que puso el foco Guayta es en que la resistencia es global y “viaja con las personas de forma rápida”. En este sentido mostró la evolución de las resistencias en diferentes países en periodos cortos de tiempo y alertó de la rápida evolución de las mismas.

A este respecto puso de ejemplo que actualmente 105 países han detectado tuberculosis multirresistente (9,7%) a al menos cuatro principales fármacos antituberculosos. La misma situación de resistencias se está observando en parásitos como Plasmodium falciparum o en el VIH. Por ese motivo, alertó de que se puede regresar a un punto en el que enfermedades casi olvidadas vuelvan a protagonizar muertes. En este sentido citó algunos estudios que estimaban que en 2050 las resistencias serán responsables de la mitad de las muertes. Pero sin ir tan lejos cifró en cuatro millones de días de estancia hospitalaria adicional en 2012 a causa de las resistencias, lo que supuso una carga de 1.500 millones de euros.

La lucha contra esta situación requiere para Guayta de “concienciación y comprensión”,. Por ese motivo realizó una recomendación: “antes de prescribir, de dispensar, de usar un antibiótico, piénselo dos veces o no los podremos usar en el futuro”.

¿Dispensar sin receta?

Por su parte, Bagaría bajó al terreno profesional del día a día y planteó algunas situaciones que se viven en las farmacias. Tal y como explicó, hay situaciones en las que por la presión asistencial, por la empatía con el paciente que cuenta un problema, se puede hacer una excepción a la exigencia de receta para la dispensación de un antibiótico. Puso como ejemplo que se hubiera caído el frasco, situación en la que el farmacéutico podría dispensar el medicamento para evitar una nueva visita al médico por parte del paciente. A este respecto, señaló que hay veces que “los usuarios no perciben la obligación del farmacéutico de no dispensar”.

Más allá de esto, consideró necesario “ampliar la comunicación interprofesional” de forma que todos los profesionales utilicen “el mismo mensaje en todos los ámbitos”. Por ello, reclamó “establecer protocolos de intervención” ya que el farmacéutico debe estar “alineado con el resto de profesionales”.

A este respecto, consideró que la receta privada electrónica va a ayudar a los farmacéuticos ya que la receta-servilleta o la llamada telefónica “no pueden ser” aceptables. Por ello, para este experto es imprescindible “avanzar hacia la prescripción inequivoca, unipersonal e irrepetible”.

Como elementos de mejora Bagaría consideró que el farmacéutico tiene que llegar a ser “un agente activo y resolutivo capaz de resolver problemas de duración de tratamientos no adecuados al tamaño del envase, roturas, pérdidas”. Para ello, puso encima de la mesa algunos elementos como la atención en pacientes con prescripción delegada, como en pacientes crónicos y repetición (neumonía): la atención a pacientes con prescripción diferida; los protocolos de intervención en problemas menores como otitis o conjuntivitis o las pruebas rápidas.

Pruebas rápidas de detección

En relación a las pruebas rápidas el representante del COFB consideró que deben tener una interpretación de resultado sencillo y dotarse de un protocolo de intervención y derivación consensuado ya que el médico debe conocer la actuación del farmacéutico.

Además, estas pruebas deben “responder a una necesidad real, no se puede generar una demanda inducida y derivar problemas que no existen” y, por último deben ser coste-efectivo, aseguró. En relación a pruebas ya en marcha en algunos lugares citó la detección de sífilis en el País Vasco; infecciones de tracto urinario en Escocia; faringoamigdalitis en Cataluña, aunque no se llega a dispensar antibiótico pero se le deriva al médico, lo que puede parecer “una incongruencia” o gripe en Canadá.

Durante el coloquio se analizó el típico caso de un paciente con infección vírica que tras pasar unos días sin tratamiento al final requiere de un antibiótico. Es habitual que el paciente asocie el proceso y la curación a través del antibiótico y trate de conseguir el mismo o utilice restos que tenga en su domicilio. No obstante, los expertos de la mesa argumentaron que, en muchos casos, la correlación no es correcta, al menos al inicio del proceso. Según explicaron, es habitual que en un proceso vírico que no requiere tratamiento, algunas bacterias oportunistas puedan iniciar una infección que requiere de tratamiento antibiótico. Para este tipo de casos Bagaría recomendó la utilización de una prescripción diferida que no es otra cosa que una receta de antibiótico para cuatro o cinco días después de la visita, cuya dispensación estaría condicionada a la aparición o no de los síntomas de infección bacteriana a juicio del farmacéutico.

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