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La AEP dice que, en general, se debe vacunar con normalidad a madres y bebés durante la lactancia

Imagen de un recién nacido

DIARIOFARMA  |    03.10.2018 - 17:13

La Asociación Española de Pediatría (AEP) ha hecho público un comunicado a través de su web, con motivo de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que se celebra la primera semana de octubre en algunos países, aunque la fecha oficial está fijada en agosto, destacando los beneficios de la vacunación de la madre y del bebé, mientras que éste recibe lactancia materna.

De esta forma quieren dar respuesta a las dudas que se puedan albergar a este respecto, subrayando la idea de que "ninguna vacuna, ni de la madre ni del bebé, está contraindicada durante la lactancia materna, con alguna matización para el caso de alguna de las usadas ante viajes internacionales". De hecho, desde la AEP prosiguen que, "en mujeres que necesitan recibir ciertas vacunas, como la triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis) y la de la varicela, que se han pospuesto por la gestación, las primeras semanas tras el parto son el mejor momento para administrarlas".

Reconocen, no obstante, que se deben tomar precauciones con la vacuna de la varicela, aunque lo circunscriben a "raros casos en los que la madre, tras la vacunación, presenta un exantema vacunal en una zona limitada alrededor del lugar de la inyección". "En estos casos", aclaran, "para evitar el riesgo de transmisión al lactante, basta con cubrir la zona de la erupción con un apósito o con ropa para evitar el contacto directo con el bebé".

Sobre las vacunas contraindicadas durante la lactancia, apuntan como a la que se administra contra la fiebre amarilla, "pues sí se ha comprobado que el virus que contiene se transmite a través de la leche". "Ésta es una vacuna de virus vivos necesaria en las regiones del mundo donde dicha enfermedad está presente. No obstante, cuando el viaje de la madre a una zona endémica no puede ser evitado o pospuesto, la vacunación puede llevarse a cabo, ya que los riesgos para el bebé al exponerse al virus vacunal son claramente menores que el de la propia madre al exponerse al virus salvaje de la fiebre amarilla", opinan. En caso de que el amamantado no haya cumplido los nueve meses de edad se puede, también, "desechar la leche propia durante los 14 días que siguen a la vacunación, que es lo que dura la eliminación viral", argumentan.

Dudas no demostradas

Al margen de estos casos, se refieren en el comunicado a los casos en los que la madre recibe la vacuna triple vírica o la de la varicela, con las que los virus vacunales se replican en la madre. Lo que al parecer "no se ha comprobado nunca", dicen, "es que su leche contenga dichos virus, con excepción del de la rubeola, pero en este caso tampoco se ha observado que sea capaz de provocar enfermedad en el lactante".

"Los antígenos vacunales no llegan como tales a la leche, pues son modificados por el sistema inmunológico nada más entrar en el cuerpo materno, aunque, si lo hicieran, tampoco representarían un riesgo para el amamantado. De los demás componentes de cada vacuna tampoco hay constancia de que lleguen a la leche materna o que ello suponga riesgo alguno para el bebé", profundizan, y añaden que "los anticuerpos que fabrica la madre en respuesta a su vacunación sí pueden aparecer en la leche, pero este producto natural de origen materno, que podría constituir una protección adicional aunque no significativa para el lactante, no interfiere en la respuesta del propio bebé a sus vacunas".

Además, la AEP llama a no caer en la idea de que la lactancia materna pueda sustituir a la vacunación del lactante. "Ambas se complementan y son necesarias", señalan. En lo que respecta a la vacunación de los bebés, subrayan que ninguna vacuna "está contraindicada ni debe demorarse por el hecho de que esté siendo alimentado con lactancia materna", ni siquiera en el caso de la vacunación frente al rotavirus, "aunque se administre por vía oral". De hecho, en lo que respecta a la combinación de lactancia y vacunación del bebé, recomiendan el amamantamiento durante el propio acto vacunal, ya que, aseguran, "sirve para reducir el dolor y el estrés del bebé".

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