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La terapia celular 100% pública y la Marca España

DIARIOFARMA  |    18.10.2019 - 15:37

Artículo de opinión de Francisco Rosa, periodista especializado en el sector farmacéutico.

Francisco Rosa

Para configurar una verdadera Marca España, una verdadera identidad nacional, un paraguas bajo el que estén cómodas todas, o al menos la gran mayoría de las personas que habitan este país, sería muy recomendable incluir en ella los elementos y valores en torno a los cuales existe un consenso generalizado, y dejar fuera los que generan controversia.

Lo ideal sería que todos pudiéramos presumir con orgullo de esa Marca España, para, de ese modo, encontrar la motivación suficiente para, entre todos, hacerla más fuerte. Y la sensación que tuve en el último Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) es que NC1, la terapia celular desarrollada por investigadores del Hospital Puerta de Hierro, sería una buen candidata para formar parte de ese grupo de elementos.

La muestra de lo que trato de explicar está en la reacción de los representantes políticos ante el anuncio de que se va a incorporar a la prestación pública. Más allá de las discrepancias más o menos justificadas sobre la necesidad de acompañar este avance de financiación adicional para aliviar la carga para los servicios regionales de salud, la ministra de Sanidad en funciones y los consejeros de uno y otro signo político elogiaron sin ambages al grupo de investigadores, al centro en el que ha tenido lugar el descubrimiento y desarrollo y a la propia Comunidad de Madrid, sin importar quién la gobierne.

El resultado de los trabajos realizados en el hospital madrileño es el primer medicamento 100% público, con el que, una vez que esté fijado su precio en la Comisión de Farmacia, se va a poder tratar a pacientes con lesión medular que hasta ahora no disponían de una alternativa terapéutica para mejorar los síntomas de su enfermedad, la cual es altamente incapacitante. Hay que aclarar que no se trata de una terapia curativa, pero que sí puede mejorar ostensiblemente la calidad de vida de estas personas, por lo que cubre una laguna terapéutica.

A uno le surge la duda sobre lo que se podría llegar a conseguir, teniendo en cuenta el desempeño y el prestigio adquirido por nuestros sanitarios investigadores en los últimos años, si la Administración hiciera una apuesta firme y decidida por la I+D. Talento parece que no nos falta.

Volviendo al trasfondo político, cabe rescatar las palabras de Carcedo, que calificó la incorporación de NC1 a la cartera común del Sistema Nacional de Salud como un hito "histórico". La consejera de Salud de Baleares, Patricia Gómez, opinó que sirve para inaugurar "un nuevo paradigma". Su homólogo andaluz, Jesús Aguirre, mostraba su orgullo porque fuera fruto de la I+D pública.

En cuanto al nuevo paradigma al que aludía Gómez, creo que queda muy bien ilustrado con unas declaraciones recientes de la directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), María Jesús Lamas, al respecto de la aparición de las terapias avanzadas no industriales. En un encuentro celebrado el pasado mes de septiembre por Farmaindustria en Santander aludía a una centena de proyectos de investigación relacionados con estas terapias en España y estimaba que esto "debería traducirse en la aparición de nuevos medicamentos". No obstante, Lamas opinó que "la capacidad investigadora y productiva independiente y pública" tiene visos de ser "más complementaria que competidora". Al menos de momento.

Y es que, a día de hoy, el papel de los laboratorios como dinamizadores de la innovación biomédica es incuestionable. Se ha visto recientemente en áreas como el VIH, la hepatitis C y en distintos tipos de cáncer. Sea a través de medicamentos cuya génesis está exclusivamente vinculada a la iniciativa investigadora privada, o a través de descubrimientos que surgieron en centros públicos y que después fueron desarrollados por compañías farmacéuticas, lo cierto es que la superioridad de la industria para hacer llegar al mercado estos proyectos está fuera de discusión. Su capacidad productiva y su experiencia y conocimiento sobre cuestiones regulatorias hacen, fundamentalmente, que esto sea así.

No obstante, si el paradigma abierto con NC1 se consolida, parece que las empresas del sector van a tener que adaptarse a un nuevo escenario, en el que ya no van a tener la exclusividad en la generación de los adelantos en el ámbito de la farmacoterapia.

En esto opino como Lamas. Ella decía, en esa intervención que citaba previamente, que esta nueva realidad "supondrá que va a haber más personas buscando soluciones, lo que sería positivo también para la industria". Sugería, con esta afirmación, que esto podría servir de estímulo para que los laboratorios redoblen esfuerzos en la búsqueda de nuevas moléculas.


Francisco Rosa es coordinador de contenidos en Diariofarma

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