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Los FIR R4 coronan su Especialidad con experiencia extra en pandemias

Reyes Serrano, Yared González y Octavio Ballesta.

FRAN ROSA  |    27.05.2020 - 14:07

Los FIR R4 que han concluido su Especialidad en el día de ayer, 27 de mayo, podrían considerarse, en términos estrictos de desarrollo profesional, unos privilegiados. Se puede decir que son los primeros que salen realmente preparados para la gestión de una pandemia. Antes de ésta, que les ha puesto ante situaciones nunca previstas, habían recorrido un camino de cuatro años, en los que han ido conociendo cómo funciona un hospital, cómo lo hace un Servicio de Farmacia y cómo es la relación con otras unidades clínicas. En algunos casos, incluso se han sumado experiencias internacionales. Se puede decir que están listos para ser los especialistas en Farmacia Hospitalaria del presente y del futuro.

Tanto Yared González, que ha hecho su residencia en el Hospital de San Pedro, en Logroño; como Octavio Ballesta, en el Hospital La Fe de Valencia, y Reyes Serrano, en el de Nuestra Señora de Valme, en Sevilla, coinciden en una cosa: el primer día que entraron por la puerta del hospital sintieron una mezcla de nervios e ilusión. González se encontró un centro "más grande, y con más tecnología y más gente de lo que esperaba". Algo similar le ocurrió a Serrano, que venía de una experiencia profesional previa en oficina de farmacia.

Estos tres residentes cuentan que la Especialidad está estructurada en rotaciones de dos-tres meses, en las que se van aprendiendo las diferentes tareas que realiza un farmacéutico especialista, desde las más básicas, hasta las más complejas. Ballesta cuenta que en La Fe les dieron indicaciones desde el primer día de que asistieran "al pase de guardia, donde se cuenta lo que ha pasado la noche anterior". Recuerda que la primera vez, cuando todavía no era consciente de la importancia que eso tenía, llegó un poco tarde, ya que se entretuvo un poco recogiendo su nueva bata. Entendió enseguida que no se podía volver a repetir.

En su caso, en las primeras dos semanas recibieron un curso, junto a residentes de otras especialidades, donde se les contaba el funcionamiento del hospital. "Aunque estaba más enfocado a residentes MIR, me sirvió también para tener una visión global de lo que hacían otros", afirma. En el primer año, su formación estuvo más enfocada a aspectos que denomina "más puramente farmacéuticos", como la gestión o la elaboración de medicamentos, en jarabes o cápsulas, por ejemplo.

González rememora el alto nivel de supervisión con el que arrancó, y cómo ha ido descendiendo. "Las competencias y las habilidades se van desarrollando poco a poco", reconoce. En sus inicios, su labor estuvo centrada, sobre todo, en realizar validaciones "siguiendo las guías de práctica clínica y en función de características de paciente y medicamentos", hacer el control de estupefacientes y supervisar los medicamentos que salían del Servicio de Farmacia, "para garantizar que fuera en dosis unitarias y con información sobre lote y caducidad".

Por su parte, Serrano lo que recuerda es que durante los dos primeros años pasó la mayor parte del tiempo dentro del Servicio de Farmacia, centrada en "la dispensación a pacientes ingresados, pacientes oncológicos y pacientes externos, aprendiendo farmacotecnia y elaborando mezclas intravenosas".

Una vez que han ido conociendo exhaustivamente el trabajo dentro sus unidades, a estos nuevos especialistas se les fueron abriendo puertas en otras áreas clínicas, otros centros hospitalarios, e incluso en otros países, como fue el caso de la farmacéutica que ha obtenido la Especialidad en Valme, que estuvo rotando en Inglaterra.

De la última fase, Yared González destaca la asunción de la responsabilidad en las guardias, "siempre con el apoyo de un adjunto localizable", o las rotaciones en planta, donde el R4 trabaja codo con codo con los médicos especialistas. "Ves cómo piensan, cómo actúan. Sobre todo te sirve para adquirir esa parte clínica, muy necesaria para poder manejar un plan farmacoterapéutico y garantizar el uso seguro de los medicamentos", detalla. De hecho, reconoce que es esa dimensión clínica, "al pie de la cama del paciente y cooperando con el médico de forma presencial", una de las que le despiertan más interés de cara a su desarrollo profesional.

Ocatvio Ballesta, por su parte, admite el avance hacia "tareas más especializadas", como pueden ser la medicina personalizada o la Oncología, y ha terminado sintiéndose, en este último año, "prácticamente autosuficiente". "A veces he necesitado apoyo, para resolver alguna duda concreta, pero la inseguridad que tenía al principio ya no la tengo", señala. En su caso, las áreas de actividad que más le han atrapado son Oncología Farmacéutica y Farmacocinética. El gusto por esta última se debe, dice, a que a él siempre le han gustado "los modelados matemáticos y la estadística", que ahora puede aplicar a la atención al paciente para, por ejemplo, "ajustar una dosis". Y eso le atrae.

Reyes Serrano confirma que, a partir del tercer año, las puertas del Servicio de Farmacia ya son más líquidas. En su caso, las salidas han sido continuas a otros centros, para rotaciones y también para realizar cursos (de Nutrición Clínica, de terapia antimicrobiana y de Farmacia Pediátrica, entre otros), incluida esa experiencia anglosajona, que le ha permitido "ver el funcionamiento de otro sistema de salud". También ha aprovechado las rotaciones en otras unidades clínicas del hospital, donde, dice, "aprendes mucho con los clínicos y también tienes la sensación de que les vas aportando cosas". "Yo creo que una vez que estás allí, te van reconociendo más y, cuando te vas, te echan de menos", añade. En cuanto a las posibles áreas de especialización, ella prefiere esperar a ver cuáles son las necesidades del próximo hospital donde aterrice para, desde ahí, poder avanzar en su formación.

La experiencia con Covid-19

Hasta aquí, todo normal. Las diferencias con residentes que hayan obtenido la Especialidad en años anteriores serán mínimas. Lo que ocurre es que estos FIR R4 se han encontrado, cuando apenas faltaban dos meses para concluir su residencia, con la irrupción de la pandemia por Covid-19.

Serrano destaca, de su experiencia, la velocidad con la que se ha dado respuesta a las necesidades, aunque recuerda que su zona no ha estado entre las más afectadas por la pandemia. No obstante, pone en valor "el desarrollo de circuitos de trabajo en tiempo récord y la buena gestión de la adquisición de medicamentos". En cuanto a su trabajo, reconoce que ha seguido siendo el habitual, aunque con nuevos turnos y también con teletrabajo. Eso sí, los residentes, como ella, han tenido que hacer un número superior guardias.

En La Fe ha sido un poco distinto, ya que en la Comunidad Valenciana han habido más casos que en Andalucía y la presión asistencial ha sido mayor. A Ballesta le cogió la declaración del estado de alarma "rotando en Medicina Interna". El día 16 les comunicaron que se suspendían las rotaciones y el jefe del Servicio les ofreció formar parte del Comité encargado del protocolo farmacoterapéutico para Covid-19. "Éramos nexo de unión entre Medicina y Farmacia. Hacíamos actas y protocolos que servían para todo el hospital. Me ha motivado, porque he podido desarrollar una autonomía que casi nunca habíamos tenido y que la gente nos ha agradecido mucho. Ha sido cansado, porque, entre medias, teníamos que estar en casa alguna semana. También he pasado un poco de miedo, e incertidumbre, ya que tuve algunos síntomas y me tuve que ir a casa, aunque se confirmó que no era Covid-19", dice con algo de alivio.

González también ha vivido la pandemia en una zona especialmente azotada, como La Rioja, y asegura que ha supuesto un antes y un después en términos de autonomía. "Hemos hecho casi como adjuntos, hemos trabajado casi sin supervisión. Ha supuesto un salto, tanto en la aportación a los pacientes, como en la aportación al equipo", indica orgulloso. De los aprendizajes extraídos, destaca el haber podido vivir una situación de máxima "necesidad de adaptación y transformación del Servicio, con mucha incertidumbre", lo que, asegura, "genera estrés y ansiedad, pero a la vez te ayuda a ser más resiliente". Lo más complicado, afirma, "ha sido lidiar con los problemas de suministro", que les habrían obligado "a buscar alternativas con médicos y Enfermería, todo ello planificando de un día para otro". También destaca la gran cooperación entre residentes, por ejemplo, a la hora de adaptar las guardias y poder descansar. "Esa camaradería ha sido muy importante para avanzar", concluye.

Próximos pasos tras conseguir la Especialidad

En cuanto al fin de la Especialidad, estos tres nuevos farmacéuticos hospitalarios afrontan ahora situaciones bien distintas, aunque todos ellos parecen muy satisfechos con lo vivido estos cuatro años. González, que es de Canarias, reconoce sus "ganas de volver a casa". La posibilidad de quedarse en el Hospital de San Pedro no existe, lo cual, pese a que no fuera su preferencia, considera que es un error, ya que los hospitales están formando talento que luego tienen que dejar escapar. Dicho esto, confiesa que se va agradecido, "por la acogida y por el aprendizaje profesional y humano".

Sobre el futuro, no parece preocupado. Se declara "apasionado" de la Farmacia Hospitalaria y espera alguna opción de sustitución. "Llegan las vacaciones de verano y los nuevos R1 no llegarán hasta septiembre", afirma. No obstante, se define como un profesional "flexible". Le gustan la docencia y la informática y, en caso de no poder ejercer como FH, son caminos que podría explorar.

Ballesta, por su parte, está a la espera de que se active una bolsa de trabajo que habrían anunciado las autoridades de Comunidad Valenciana para los que han estado en primera línea. Además, es habitual en La Fe ofrecer unas becas de investigación en mayo, aunque con la pandemia parece que se ha retrasado el proceso. Tiene aún pendiente la redacción del proyecto con la que ha sido su compañera de fatigas en estos cuatro años, Alejandra Ferrada, "un gran apoyo", y presentarlo cuando las becas se convoquen. Prevé, por tanto, que seguirán yendo al hospital para reunirse con personas de otros servicios. En paralelo está terminando su tesis, que también bebe de su actividad en la unidad de Farmacia de La Fe.

Serrano, por su parte, admite que se va con "pena" del Hospital de Valme. Sobre todo, por la despedida light que ha tenido que vivir. "Espero que, cuando se pueda, podamos hacer una despedida en condiciones, con besos y abrazos", manifiesta. Sin embargo, se reconoce "feliz" cuando hace repaso de su estancia en este Servicio de Farmacia, una experiencia que dice haber disfrutado mucho. En su caso, además, realizará una sustitución temporal en un hospital cercano. Empieza mañana, 28 de mayo de 2020, sin apenas tiempo para coger aire. Pero es lo que hay. Es una oportunidad que siente que tiene que aprovechar.

 


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