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Covid-19: tras siete meses, ya es urgente lo mucho que queda por hacer y por saber

DIARIOFARMA  |    06.10.2020 - 14:55

Artículo de opinión de José María López Alemany, director de Diariofarma.

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Llevamos ya siete meses de pandemia y la sensación que tengo es que en muchas cuestiones no se ha avanzado todo lo que sería necesario. Se trata de cuestiones que deberían ser básicas en el abordaje de cualquier pandemia, como la del covid-19.

Me refiero a aspectos tan básicos como la ausencia de un cuadro de mandos único, la falta de indicadores claros, objetivos y consensuados con los expertos, o la identificación clara de dónde, cómo y en qué circunstancias se están produciendo los contagios. También el saber por qué sucede de forma brutal en España y más en concreto en Madrid y no en el resto de los países de nuestro entorno, al menos en la misma magnitud.

Respecto al primero de los asuntos, creo que es imprescindible la existencia de un cuadro de mandos único para todo el SNS que no entre en contradicción con los datos de las comunidades autónomas, de las que, por otro lado, es de las que sale la información. Un cuadro de mandos transparente y que facilite la labor de investigación y análisis de los datos por todo aquél que esté interesado. Es decir, que no esté en un pdf, que la metodología sea clara y que no se modifique cada poco tiempo.

Se trata de disponer de un cuadro de mandos que permita conocer la evolución buena, mala o estable de cualquier territorio y que, a la vista de unos indicadores objetivos, transparentes y consensuados con los profesionales sanitarios y las comunidades autónomas, marquen la senda de las decisiones. Se trata de contar con unos indicadores que tengan en cuenta todas las perspectivas a integrar, y que, como anunció el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al inicio del proceso de desescalada, permitan a cada ciudadano conocer la situación de su ciudad y saber si avanzará de fase o no de forma clara, transparente y objetiva. Eso fue hace más de cinco meses.

Lo que es inaceptable es que, a día de hoy, se siga trabajando con fuentes de datos que permiten una interpretación radicalmente diferente de los mismos, como está pasando con el Ministerio de Sanidad y la Comunidad de Madrid en los últimos días. Es impresentable que esa diferencia interpretativa llegue a tener un ‘tufo’ a politiqueo que no merecemos los ciudadanos.

También se tenían que haber establecido hace meses los criterios, indicadores y actuaciones a realizar en cada momento para tener claros los planes de contingencia en cada situación por consenso del Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas y, por supuesto, los expertos. Es inaceptable que con la segunda ola en marcha se plantee que será a partir de ahora cuando va a haber criterios de actuación uniformes. Tenían que haber estado mucho antes y ser mucho más objetivos de lo que parecen.

Tal vez haya que establecer el límite máximo en los criterios que establece el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC), pero también debe ser una decisión de país la conciliación de la búsqueda de evitar muertes con el sostenimiento de la economía, sabiendo que si la pandemia continúa la economía no despuntará. Pero lo que no puede volver a suceder es un nuevo cierre total de la economía. Durante largo tiempo, mucha gente ha estado defendiendo que la capacidad económica es el principal factor predictor de esperanza y calidad de vida. Por eso, creo que hoy también se está decidiendo acerca de la vida futura de varias generaciones de españoles y es algo que, sin duda, debe tenerse en cuenta.

¿Por qué España es el peor país ante la covid-19?

Por todo ello, creo que es imprescindible realizar un análisis sosegado, pero urgente e independiente para identificar en qué nos equivocamos en la primera ola y en qué nos estamos equivocando en esta segunda ola. ¿Por qué España es el peor país en ambos casos? ¿Qué factores son los que han llevado a esta situación?

No paro de preguntarme si es que no estamos acertando con las medidas de protección. Si el virus, como parece demostrarse se propaga a través de aerosoles, ¿son eficaces esas maravillosas mascarillas de colores que viste la gente por la calle? ¿son eficaces las ‘certificadas’ mascarillas higiénicas que usa gran parte de la población? ¿y esas mascarillas de apariencia pseudoquirúrgica que, al igual que las anteriores no se acoplan bien a la cara y que dejan escapar (y entrar) el aliento por ellas? ¿Son eficaces todas ellas en el transporte público y en los centros de trabajo? ¿Se usan también en el resto del mundo, especialmente donde va mejor la pandemia?

Creo que es imprescindible conocer y hacer público dónde se están infectando las personas. ¿Es en los domicilios? ¿Es en los bares? ¿Es en el transporte público? ¿En los trabajos o escuelas? ¿Dónde? Y ¿Como? ¿En qué circunstancias? ¿Con qué protección? ¿Qué hacemos distinto al resto de países? ¿Es que los españoles tenemos algún factor genético que nos predispone a sufrir la enfermedad o son nuestras costumbres? Dar respuesta a cada una de estas preguntas y otras muchas cuanto antes es esencial.

Si a todo esto le sumamos que el clima nos ha permitido hacer gran parte de la vida cotidiana de los últimos meses en los exteriores, pero ya se acerca de forma inexorable el invierno, ¿qué va a ocurrir cuando las temperaturas y otras inclemencias meteorológicas obliguen a hacer más vida en los interiores? ¿Qué va a ocurrir cuando las aulas tengan que cerrar sus ventanas a causa del frío, viento y lluvia?

Mientras que no sepamos todo eso, seguiremos dando palos de ciego en la lucha contra la pandemia.

Está claro que hay situaciones que son imposibles de solucionar, como la convivencia en pocos metros cuadrados de mucha gente, especialmente los más desfavorecidos. Pero hay otros factores sobre los que sí se puede actuar. Por ejemplo, en el transporte público. Creo que hay que insistir a las empresas y administraciones acerca de la importancia de flexibilizar los horarios de entrada, si no es posible el teletrabajo, para dejar de concentrar la afluencia a estos medios de transporte de un par de horas cada día. Eso, y ampliar la capacidad de los mismos, por supuesto, así como medidas para favorecer el uso del transporte privado para descongestionar el público.

Por todo esto, creo que es imperioso dar respuesta a todas estas cuestiones, además de solucionar de una vez por todas la disponibilidad de datos incontestables con los que tomar decisiones. De otro modo, no seremos capaces de atajar la epidemia con garantías y, por otro lado, la covid-19 será fuente continua de discrepancia y guerra política. Es decir, lo último que necesitamos ahora mismo.


José María López Alemany es director de Diariofarma.

 


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