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Las externalidades del gasto sanitario, claves para ser considerado inversión

Diego Vizcaino y Javier Urzay.

CARLOS ARGANDA  |    11.11.2021 - 21:12

El gasto en materia sanitaria tiene un indudable impacto en la salud pública y el estado de salud individual, pero también posee una serie de externalidades que hacen imprescindible su consideración como inversión. Este fue uno de los mensajes principales que el socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI), Diego Vizcaíno, transmitió durante la ponencia que realizó en el marco del XVII Seminario ‘Industria Farmacéutica y Medios de Comunicación’ organizado por Farmaindustria.

Vizcaíno presentó las claves del informe ‘Inversión en sanidad: la vía española hacia la prosperidad’ que AFI ha realizado para Farmaindustria y que pone el foco en los efectos que la inversión en sanidad presenta tanto desde el punto de vista sanitario como económico y social.

Tal y como puso de manifiesto Vizcaíno, el sector sanitario es un “pilar fundamental de la economía y uno de los instrumentos más eficaces en cohesión social y territorial”, al tiempo que contribuye a redistribuir renta, reducir la desigualdad y a mantener servicios en la ‘España vaciada’.

De acuerdo con las cifras presentadas por Vizcaíno, el sector sanitario presenta un valor añadido bruto (VAB) de 94.600 millones de euros anuales, lo que supone el 8,7% del Producto Interior Bruto. Además, este experto señaló que el gasto sanitario actual en España alcanza los 105.000 millones, de los que el 70% público; da empleo a 1,8 millones de personas con altos niveles de cualificación, lo que supone un 10% de la afiliación a la Seguridad Social. Además, el sector farmacéutico posee en nuestro país un total de 82 plantas de fabricación con un valor de producción anual de 15.700 millones de euros; una inversión anual de 1.200 millones de euros; unas exportaciones de 12.000 millones de euros, siendo nuestro país el duodécimo exportador mundial.

Además, el representante de AFI expuso que, por cada euro invertido en investigación sanitaria, genera en la economía 1,6 euros de VAB directo, indirecto e inducido y cada millón de euros invertido en el sector contribuye a la generación y mantenimiento de más de 15,6 empleos. Por todo ello, consideró que “la inversión en investigación sanitaria genera efectos tractores que trascienden las ramas productivas más asociadas con la sanidad”.

Por lo que se refiere directamente a los efectos sanitarios, Vizcaíno se mostró tajante al considerar que “la inversión en salud es rentable para la economía”. Para ejemplificar este asunto Vizcaíno planteó los resultados de un estudio prospectivo en el que se simulan dos escenarios, uno inercial, en el que no se toman decisiones estratégicas sobre el uso de los recursos públicos; y uno alternativo, en el que se aumenta el gasto público en sanidad en dos puntos del PIB.

De acuerdo con el escenario inercial, el crecimiento del PIB llegará a 1,7% hacia 2027 para luego ir perdiendo fuerza hasta quedarse en el 1,3% anual a mediados de la década de 2030. Sin embargo, si se incrementara la inversión en sanidad, el modelo refleja una mejora en la productividad, en la duración de la vida laboral y en la población activa gracias a las mejores condiciones de salud de los ciudadanos gracias a esa inversión. Todas estas mejoras supondrían un incremento de 0,25 puntos porcentuales en el crecimiento del PIB. De este modo, “incrementar la inversión en sanidad no es para tener más gasto sino para promover crecimiento”, es decir, que sería una inversión.

Por todo ello, el subdirector general de Farmaindustria, Javier Urzay, que compartió mesa con Vizcaíno, señaló que “la sanidad es un sector estratégico, tractor y de oportunidad”.

Plan estratégico de la industria farmacéutica

Esta visión sobre el valor que aporta el sector sanitario y, en concreto, la industria farmacéutica desde el punto de vista de la salud y económico, ha sido también reconocido por el Gobierno al incorporar un Plan estratégico de la industria farmacéutica entre los proyectos incluidos en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Esta cuestión, que es vista con buenos ojos por la industria farmacéutica, requiere, según Farmaindustria, cumplir con cuatro claves para que su ejecución sea un “éxito”.

De este modo, Urzay expuso que para que el plan sea un éxito se debe desarrollar con una sólida arquitectura, que se “cimente sobre la colaboración público-privada”, que se aborde con un “horizonte temporal amplio” y que fije “objetivos realistas pero ambiciosos”.

Según la visión de Farmaindustria, el plan debe basarse en tres pilares principales: acceso y sostenibilidad; I+D y desarrollo industrial y empleo. El primero de ellos debería procurar que “todos los pacientes pueden acceder rápidamente a los mejores tratamientos farmacéuticos disponibles y que el sistema sanitario pueda financiarlos”. Con respecto a la I+D se busca “potenciar la investigación farmacéutica contribuyendo al desarrollo de un I+D biomédico español puntero” y, en lo que se refiere al tercer pilar, el objetivo es “reforzar el tejido industrial farmacéutico asegurando capacidades estratégicas de interés nacional”.

Con respecto al acceso y sostenibilidad, Urzay presentó una serie de palancas que lo hagan posible. En concreto, señaló “incorporar mejores prácticas internacionales en materia de acceso, desarrollar vías novedosas de financiación sostenibles, colocar al paciente y la equidad como bases de la actuación y contemplar el acceso como factor clave de competitividad industrial”.

En materia de I+D, las palancas serían “incrementar los recursos dedicados a I+D, retener, retornar y atraer talento, aumentar atractivo internacional de España para la inversión, definir un marco de colaboración público-privada y convertir a España en uno de los líderes mundiales en investigación clínica”.

Por último, en lo que se refiere a las oportunidades industriales, las palancas serían “garantizar la producción y suministro de medicamentos esenciales; potenciar la industria española como eje de recuperación tras la crisis; aprovechar el potencial de creación de empleo de calidad de la industria y aumentar la competitividad (digitalización) y sostenibilidad (descarbonización) de la industria”.

 


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